Investigando la explosión

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Antes de dirigirse al cráter que apareció tras la explosión de la Hematites, el grupo de Johnny Quaggan se acercó al campamento que los miembros de la Vigila montaron en tierra.

– Bennet, ¿Alguna novedad sobre la criatura que atacó a tu explorador? – Le preguntaba Johnny, ahora comandante del Pacto, a Bennet, líder del escuadrón de la Vigilia y encargado del campamento.

– Hemos contactado con el Priorato. Es difícil enviar una paloma de una pieza a través de una tormenta mágica. Aún no hemos recibido respuesta. – Afirmaba el líder de la Vigilia.

– He aquí la respuesta del Priorato. – A unos metros por detrás de ellos se cerraba un portal que nadie vio aparecer, del cual salió un asura con pelo afro y vestido con los azulados ropajes del Priorato.

– Valla, no sabía que existieran portales exprés. – Johnny parecía maravillado con la idea.

– Están en fase de desarrollo aún… Pero dada la situación aquí valía la pena arriesgarse. – Decía el asura mientras se retocaba el afro.

– ¿Arriesgarse a qué? – Preguntaba el siempre curioso Dos Notas.

– ¿A qué va a ser? ¿Sabes lo que hubiera pasado si el portal hubiese aparecido un metro bajo tierra? ¿Sabes que dos cuerpos no pueden existir en un mismo espacio? ¿Sabes al menos eso no? Bah ni contestes… – El agente del Priorato parecía perder la paciencia con la estupidez de la pregunta del sylvari azul.

– Agente del Priorato, soy Johnny Quaggan, su nuevo Comandante. ¿Podría decirnos si el Priorato tiene alguna información sobre la criatura que atacó al explorador de la Vigilia? – Johnny se presentaba ante el asura y le pedía información.

– Sí, sí, sí. Antes de nada, no soy un simple agente del Priorato, soy un historiador, soy el Historiador Zork. Y sí, sabemos que son esas criaturas. Podemos asegurar que esas criaturas flotantes son armas mágicas como las que utilizaban los mursaat y el Manto Blanco antes de la Guerra Civil de Kryta. Reciben el nombre de Ensamblajes de Jade. – El Historiador Zork les relataba el origen de esas criaturas.

– Criaturas flotantes… ¿Cómo los exaltados de Tarir?. – Johnny pensaba en voz alta.

– Sí, eso es porque está usando magia antigua de un origen similar o, al menos, esa es mi teoría actual, comandante. – Taimi se hacía oír por el intercomunicador del comandante.

– Casi correcto, cuanto tiempo sin oírte Taimi. – El Historiador Zork saludaba a Taimi.

– Sí, bueno, no el suficiente. – Taimi parecía poco interesada en interactuar con el otro asura.

– ¿Y hay algo que pueda mantenerme con vida en una lucha contra esas cosas de jade? – Preguntaba Johnny.

– Basándonos  en la investigación de los videntes que Zinn, el fundador de Rata Novus, llevó a cabo, hay una protección mágica que debería funcionar contra esos ensamblajes de jade. Sugiero dominar esa protección antes de enfrentarse a ellos. Bueno, suerte. – Taimi aconsejaba al comandante y cortaba la transmisión.

– Yo creo que si los atacamos antes de que puedan usar su magia no tendríamos problemas. – Tacoronte daba su opinión al grupo.

–  Quizás un grupo pequeño podría pasar inadvertido. Aunque me gusta tu estilo, cuadrúpedo. – El Historiador Zork le hacía algo así como un cumplido al charr.

– A mi me gustaría quedarme a echar una vistazo al herido. – Dos Notas quería poner a prueba una vez más sus habilidades sanadoras.

– Muy bien, Dos Notas y Peter os quedáis en el campamento. Taco, tu te vienes conmigo. – Johnny daba ordenes al grupo.

– No estaría mal subir la moral de estos soldados con un par de acordes. – Peter se iba preparando para dar un concierto de harpa en el campamento mientras Johnny y Tacoronte se marchaban.

– Veamos si estoy en lo cierto, Johnny Quaggan. – Decía en voz baja el Historiador Zork mientras veía marchar al Comandante y su consejero charr.

Tras un par de enfrentamientos con miembros del Manto Blanco, por fin Tacoronte y Johnny alcanzaron el suelo del cráter.

– Parece que hay un rastro de chamusquina mágico por este camino. – Señalaba Tacoronte hacía el fondo de la enorme gruta que tenían delante.

A su alrededor las paredes de roca verdosa estaban salpicadas por trozos rojizos de hematites. La magia casi se podía respirar en aquel ambiente. El humano y el charr continuaron hacia el fondo, donde encontraron una estructura flotante. Una especie de habitación con forma redonda rodeada de energía ley. A su alrededor iban cayendo trozos de rocas que se desprendía de las paredes y techo de la enorme gruta. Con la ayuda de un champiñón rebotador llegaron a la sala, en la cual hallaron un altar en el centro, donde parecía haberse celebrado algún ritual.

– ¿Quién anda ahí? – Tacoronte daba un brinco y se preparaba para el combate.

– Soy yo, Caithe. – La sylvari salía de las sombras y se mostraba ante Johnny.

– ¡Caithe! – Johnny se sorprendía al verla.

– ¿Qué te trae por aquí?, mi nuevo Comandante. – La sylvari primigenia le preguntaba a Johnny.

– Estamos intentando averiguar por qué la explosión se revirtió, y el rastro nos trajo hasta aquí. Mira todas estas marcas. – Johnny señalaba todas las marcas que la explosión había dejado en aquella sala.

– ¿Crees que fue un desastre natural? – Preguntaba Caithe a Johnny.

– No lo tengo claro. Este pedestal parece ser el nexo de todo, echémosle un vistazo. – Johnny señalaba el altar en el centro de la sala.

– ¡Cuidado! – Les gritaba Tacoronte cuando un temblor sacudió la gruta y montones de rocas cayeron por la zona. De repente una luz iluminó el altar y los cegó por un segundo.

– ¿Habéis visto eso? – Preguntaba Caithe a sus acompañantes.

– Parece que la explosión ha causado una especie de eco mágico. – Exponía Johnny.

– ¿Y si juntamos más rocas de hematites de esas y las hacemos volar a ver que pasa? – Preguntaba Tacoronte a Johnny.

– Eso podría darnos una idea de como se revirtió la explosión… – Pesaba Johnny.

– El fondo está repleto de esquirlas de hematites que caen de las paredes. – Les contaba Caithe.

– Recojamos algunas. – Ordenó Johnny, y los tres abandonaron la sala y se dejaron caer al fondo de la gruta.

– ¿Cómo has acabado aquí abajo, Caithe? – Le preguntaba Johnny a la sylvari.

– Volvía de la Arboleda cuando vi la explosión en el horizonte. No iba a irme sin investigarla. – Le explicaba la primigenia.

– Aquí hay un montón de esquirlas. – Tacoronte iba cargado ya de hematites cuando un elemental de hematites apareció tras él.

– Detrás de ti. – Caithe avisaba al charr y se teletransportó a la espalda del gólem para apuñalarlo, cosa que no fue efectiva.

– Mierda, hay que acabar con él rápido. – Johnny soltaba un mandoblazo directo al tronco del gólem que lo hizo retroceder por un segundo. El tiempo justo para que Tacoronte soltara las esquirlas y partiera en dos al elemental de un tajo.

– Toma defensa anti mágica. – Decía Tacoronte mientras recogía trozos del elemental de hematites para su investigación.

– Por cierto, ¿Cómo está el Árbol Pálido tras la muerte de Mordremoth? – Le preguntaba Johnny a Caithe.

– Enferma, pero recuperándose. Aunque no tan bien como para darme la orientación que necesito. – La sylvari parecía afligida.

– Siento oír eso. – Se lamentaba Johnny.

– Yo siento molestaros, pero tenemos más compañía. – Tacoronte les señalaba una criatura mágica que apareció ante ellos.

– ¿Una anomalía mágica? – Se preguntaba Caithe.

– Sí, parece que la energía ley está alterada en este lugar. – Les explicaba el Comandante.

– ¿Y qué hacemos con ella? – Preguntaba Tacoronte.

– Tú pégale hasta que no se mueva más. – Le ordenaba Johnny.

– Eso puedo hacerlo. – Tacoronte le hizo una carga a la anomalía, la tumbó en el suelo, y le repartió un par de cien filos en cima hasta que empezó a descomponerse y a liberar magia.

– Está claro quién es el músculo del equipo. – Decía Caithe fijándose en Tacoronte.

– Por algo es mi mano derecha. – Afirmaba Johnny.

– Espérate a que se lo diga a Dos Notas, seguro que se pone celoso, buahahaha. – Se reía el charr.

– Mirad, he encontrado una nota, parece que llevaban un tiempo estudiando la hematites. – Caithe estaba agachada entre los restos de un pequeño campamento hecho añicos por la explosión.

– ¿Qué pone la nota? – Preguntaba Johnny.

– El Manto Blanco está tras todo esto, también habla de un división entre sus filas y de su líder. – Seguía leyendo Caithe.

– Debe de ser Caudecus. – Aseguraba Johnny.

– ¿Y si llevamos las hematites arriba y las hacemos explotar de una vez? – Tacoronte sugería ponerse manos a la obra.

– Buena idea, antes de que aparezcan más enemigos. – Decía Johnny.

– Comandante, antes de nada, me gustaría disculparme por mi comportamiento. En mi cabeza la voz de Mordremoth y mi caza salvaje estaban enfrentados, y hubo momentos en los que no sabía diferencia cual era cual. Por eso solo podía fiarme de mi misma. Espero que me puedas perdonar. – Caithe se disculpaba ante Johnny.

– Es en esos momentos cuando tienes que buscar apoyo en tus amigos. – Le reprochaba Johnny a la sylvari.

– No sabía quienes eran mis amigos, todo era confuso. Ojala hubiese confiado en vosotros, pero no lo hice. Solo puedo esperar que me perdonéis. – Caithe se arrepentía de sus errores del pasado.

– Como no os deis prisa empiezo sin vosotros. – Tacoronte amenazaba con hacer volar las hematites por si mismo.

– Veamos… si nuestro experimento funciona. – Johnny dejaba a un lado su charla con Caithe y se dirigían a la sala del ritual.

– ¿Listos? – Preguntaba Tacoronte que ya tenía preparadas las esquirlas de hematites en el pedestal.

– Crucemos los dedos… – Decía Johnny mientras Tacoronte dejaba caer su mandoble sobre las hematites. Tras el golpe la habitación se iluminó. Una silueta de energía similar a la anomalía apareció sobre las esquirlas, pero al mismo tiempo parecía no estar allí, era como el eco mágico que vieron anteriormente. La figura parecía estar absorbiendo magia, mientras a su alrededor, junto al muro circular de la sala, se dejaban entre ver una figuras humanas, presentes en el ritual. La figura central siguió absorbiendo magia hasta que una luz cegadora lo rodeó por completo y explotó. La visión acabó ahí, y donde estaban las figuras junto al muro, solo quedan restos de la explosión.

– Esas siluetas tras la luz, no parecen muy afortunadas. – Afirmaba Caithe.

– Deben haberse vaporizado tras la descarga. – Añadía Johnny.

– ¿Quién haría esto a propósito? – Preguntaba la sylvari.

– Alguien que acabara de absorber la mayor parte de la magia de una hematites… Pudo haber sido Caudecus. Debemos encontrar a Canach para avisarlo… espero que siga vivo. – Se preocupaba Johnny por el colega sylvari.

– Hey Johnny, ahí viene un soldado del filo brillante ese. – Señalaba Tacoronte.

– La Hoja Brillante, apréndete al menos eso. ¿En qué estaría pensando la Reina Jennah cuando te regaló esa espada? – Johnny le daba vueltas a esa idea mientras se dirigía al encuentro del soldado de la Hoja Brillante.

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