Pantano de la Hematites

A bordo de la aeronave de la general Almorra, acercándose al Pantano de la Hematites, Tacoronte parece algo preocupado por el viaje.

– Valla temporal, ¿no? – Decía Johnny acicalándose la perilla mientras observaba la siniestra estampa que era la vista del Pantano de la Hematites desde la aeronave en la que viajaban. Montones de torbellinos de aire gigantes amenazaban con tocar tierra mientras un sin fin relámpagos rojizos iluminaban el horizonte.

– ¿Temporal? ¡Esto es un puto infierno! ¡Nos vamos a estrellar… otra vez! – Gritaba Tacoronte desesperado.

– Tranquilo amigo, aquí el Señor Cuervo descansa plácidamente, si corriésemos peligro nos lo haría saber. – Dos Notas observaba a su nueva máscota, el espíritu del cuervo, descansando sobre su báculo. Súbitamente el animal abrió los ojos, miró de un lado a otro agitando su cabeza como si algo lo acechara y echó a volar por la aeronave como pollo sin cabeza.

– ¿Tu maldito cuervo acaba de entrar en pánico? – Le preguntaba Tacoronte al sylvari azul.

– No… no solo él, yo también… – Afirmaba Dos Notas mientras señalaba el horizonte. Al resto del grupo solo les dio tiempo a girarse para escuchar una explosión y ver como una enorme onda expansiva los alcanzaba y arrastraba la aeronave con ella. Gigantescas rocas lanzadas por la explosión amenazaban con destruir la aeronave hasta que por un segundo la explosión se detuvo y comenzó una implosión que arrastró la nave en dirección al centro del Pantano de la Hematites. Una luz brillante que cegó a todos puso fin a la implosión, a la que, de alguna forma, habían sobrevivido. La aeronave de Almorra había quedado suspendida en el aire, ahora rodeada por montones de rocas gigantescas flotantes y corrientes de aire y líneas ley por doquier. Desde arriba se observaba como se había creado un cráter enorme con la explosión.

– ¿Estáis todos bien? – Preguntaba Johnny Quaggan a su grupo.

– Parece que sí. – Afirmaba Tacoronte que veía como Dos Notas cuidaba de su cuervo al cual mecía en brazos como si de un bebé se tratase.

– Jojojo no se me ha derramado la cerveza. Tendría que escribir unas líneas sobre esta hazaña. – Peter el Bardo parecía haber disfrutado del viaje, y de su cerveza.

– Comandante, nuestra propulsión central se cortocircuitó, ¿Qué fue eso? – Se preguntaba la general Almorra.

– Creo que acaba de explotar una hematites. – Respondía el nigromante humano.

– ¿Una hematites? ¿Y cómo es que seguimos con vida? – La charr de pelo blanco no se lo podía creer.

– Buena pregunta. Espero que el grupo de Canach esté a salvo. ¿Qué os parece si echamos un vistazo allí abajo? – Johnny le preguntaba a sus consejeros Tacoronte y Dos Notas.

– No hemos venido para quedarnos en la nave, ¿no? Pues vamos. – El charr peleón se echaba el mandoble a la espalda.

– Espero poder ayudar a los supervivientes. – Dos Notas se apuntaba.

– Glub glub glub ahhh listo. En marcha. – El norn calvo se limpiaba la espuma de cerveza de su enorme bigote y se ponía en marcha junto a sus colegas.

El grupo se dirigió a la proa de la nave, desde allí se divisaban montones de rocas y plataformas volantes que se habían creado tras la explosión.

– Empecemos por allí. – Señalaba Johnny una explanada en el suelo próxima a lo que parecía un campamento del Pacto. Todos saltaron tras Johnny y llegaron planeando hasta el suelo.

– ¡Oh, miembros del Pacto! – Se alegraba Dos Notas de verlos a salvo tras la explosión.

– Esto no me da buena espina. – Decía Tacoronte preparándose para el combate al ver que los miembros del Pacto de la zona comenzaron a correr hacia ellos.

– ¿Comandante? ¿Comandante? ¿Sigues con vida? – Se escuchaba a Taimi con bastante interferencia a través del intercomunicador que portaba Johnny siempre consigo desde que se unió a Last Hope.

– Ahora le da por llamarme comandante. – Johnny hacía un facepalm cuando un miembro del Pacto le atacaba por la espalda, pero rápidamente Peter el Bardo lo mandó a volar con su enorme martillo.

– Cuidado Johnny, no sé que les pasa a estos, parece que les ha afectado la explosión. – El enorme norn le cubría las espaldas a Johnny Quaggan.

– ¡Joder! Han sido consumidos por la magia de hematites. Que Grenth los guíe hacia el siguiente mundo en paz. – Johnny desenfundaba el mandoble línea ley que Taimi le fabricó y se dispusieron a dar descanso a los miembros del Pacto atormentados por la hematites.

– ¡Vienen más! – Alertaba Tacoronte a sus colegas.

– Esos son del Manto Blanco. – Afirmaba Johnny.

– Parece que también están afectados por la hematites. – Observaba Peter el Bardo.

Tras una breve pelea abatieron a todos los del Manto Blanco de la zona.

– Estos del Manto Blanco iban cargados de hematites, ¿a dónde la llevarían? – Preguntaba Tacoronte.

– No lo sé, pero no creo que se trate de nada bueno. – Le respondía Johnny al charr.

– Me recordaban a Tacoronte cuando se cabrea. – Dos Notas compartía sus pensamientos con el grupo.

– Calla bicho palo, no se me valla a escapar un cien filos en tu cara. – Le respondía el charr que ya se había cabreado.

– ¿Qué os parece si buscamos una zona segura y luego discutimos? – Johnny trataba de poner un poco de sensatez en el grupo.

– El campamento del Pacto que vimos desde arriba tiene que estar justo detrás de estás rocas. – Peter guiaba a sus colegas hasta la zona. Cuando llegaron vieron que se trataba de un campamento de la Vigilia. Se dirigieron a hablar con el líder del escuadrón. Todos los allí presentes saludaron al nuevo Comandante le Pacto.

– Jamás he visto una explosión colapsándose sobre si misma. La magia estaba a unos centímetros de mi cara y, luego, impactó de repente contra el suelo. ¿Crees que el responsable fue un dragón? – Le preguntaba el líder del escuadrón Bennett, veterano humano de la vigila, a Johnny Quaggan.

– No tengo ni idea. Pero vamos a investigarlo. Vamos a entrar a ese cráter y averiguar que revirtió la explosión y a donde fue la magia. – Aseguraba el comandante del Pacto.

– Es más fácil decirlo que hacerlo. La zona está infestada por el Manto Blanco. Enviamos una patrulla pero sólo volvió un soldado, y no es que se encuentre muy bien. – Le informaba Bennett.

– ¿Qué le pasó? – Preguntaba Dos Notas.

– Le atacaron con una extraña magia. Por fuera está bien, pero algo retorció sus entrañas brutalmente. Apenas puede moverse. Ha estado delirando sobre monstruos de piedra morados desde que volvió. – El líder del escuadrón le explicaba los detalles al sylvari.

– Eso me suena al Manto Blanco… ¿Puedes contactar con el Priorato a ver que saben ellos? – Le pedía Johnny a Bennett.

– Claro comandante. – Bennett se ponía manos a la obra.

– Nunca me voy a acostumbrar a que me hagan caso en todo lo que pida. – Decía Johnny al haciendo corrillo con sus colegas.

– Por cierto, ¿has visto a Canach? – Le preguntaba Johnny una última cosa a Bennett.

– ¿Quién? – Bennett no sabía de quién se trataba.

– Es un sylvari peculiar, como el que me acompaña, pero bien hablado. Complexión media. Bastante irónico diría yo. – Johnny le describía como él recordaba a Canach.

– No, pero a quien si vi fue a Caithe corriendo por aquí como un centauro en llamas. – Aseguraba el líder del escuadrón de la Vigilia.

– Gracias Bennett. Le haré saber a Almorra que estáis aquí abajo. – Johnny se despedía del soldado.

– Deberíamos darle la información que tenemos a Almorra. Volvamos a la aeronave. – Ordenaba Johnny a sus colegas.

– Si aprovechamos aquellos champiñones rebotadores creo que seremos capaces de llegar hasta aquellas corrientes de aire y planear hasta la aeronave. – Dos Notas les señalaba los champiñones al resto.

– Bien visto Dos Notas. – Johnny le agradecía la ayuda al sylvari.

– No lo he visto yo, me lo ha dicho el Señor Cuervo. – El sylvari ponía unas semillas en la palma de su mano como recompensa para el cuervo, que las cazó al vuelo.

El grupo siguió las indicaciones de Dos Notas y logró llegar a la aeronave de vuelta. Allí les estaba esperando la general Almorra Guardalma.

– ¿La cosa ahí abajo está tan mal como parece? – Preguntaba la charr de pelo blanco.

– No pinta bien la cosa. Hay agentes del Pacto afectados por la descarga de magia. También encontramos un grupo del Manto Blanco cargando cristales de hematites. – Le contaba Johnny a Almorra.

– ¿El Manto Blanco? ¿Podrían ellos haber hecho esto? ¿Y con qué fin? – La general charr tenía muchas dudas.

– No lo sé. Quizás estuvieran experimentando con la hematites y algo salió mal. – Johnny exponía sus ideas.

– Fuera quién fuese debemos darle las gracias. Esa explosión podría haber destruido Arco de León. – Decía Almorra.

– Parece que está de moda cargarse esa ciudad. – Decía para si Johnny Quaggan. –  Por cierto, hay un escuadrón del Pacto allá abajo. Ya han establecido un campamento, pero no todos corrieron la misma suerte. Algunos se han visto afectados por la explosión y andan atormentados por la magia de la hematites. – Le explicaba Johnny a Almorra.

– Comandante, ¿me recibes? – La voz de Taimi se recibía más nítida ahora.

– Alto y claro Taimi. – Contestaba Johnny a la pequeña asura.

– ¡Por fin! Ha habido muchísimas interferencias mágicas, ha sido difícil encontrar una línea despejada para hablar. Ok, he estado investigando algunos datos procedentes de la zona de la explosión y hay una cosa clara. La gente que estaba dentro del radio de descarga que sobrevivió necesita consumir magia para sobrevivir, pero esa misma magia también los está enloqueciendo. – Taimi le contaba sus avances a Johnny.

– Eso explica que los agentes del Pacto afectados nos atacasen, y que los del Manto Blanco cargaran esos cristales de hematites. – Johnny empezaba a entender la situación.

– Mmm entonces deben de tener algún modo de cosechar la magia de dentro, ¿Cómo lo harán?  – Se preguntaba Taimi.

– Voy a dirigirme al cráter de la explosión a ver que averiguamos. Corto y cierro. – Johnny cortaba la comunicación con Taimi. – Volvamos al campamento de la Vigilia a ver si contactaron con el Priorato y luego nos dirigimos al cráter, en marcha. – Johnny daba las ordenes a su grupo y todos se pusieron en marcha.

– Míralo, esta hecho todo un comandante, quien lo ha visto y quien lo ve. – Decía medio en broma Tacoronte.

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