Guardia de la Eternidad

Con una espesa barba negra y unas trenzas en el pelo que dejan entre ver unas notables entradas, un enorme y viejo norn con armadura gris y amarillo pálido recibía a Johnny y  sus amigos a la entrada del hogar de Eir, la Finca del Cantero.

– Me alegra verte de nuevo Knut, siento que sea en estas circunstancias. – Estrechaban la mano Johnny y el jefe de los norn.

– Eres bienvenido Johnny Quaggan. Al verte recuerdo las historias que Eir nos contaba sobre cómo deberías haber muerto en la batalla en Arah, cuando esas abominaciones te explotaron encima. Eir sabía contar buenas historias – Knut Osoblanco recordaba con tristeza a Eir.

– De hecho la primera vez que me dieron por muerto fue conquistando el templo de Grenth unas horas antes, fue un día muy largo para mi. – Le contaba Johnny a Knut Osoblanco.

– No me cabe duda, por cierto, veo que traes acompañantes. – Knut se refería al charr y al sylvari que viajan con Johnny Quaggan.

– Estos son mis consejeros Tacoronte y Dos Notas, el aniquilador. – Los ahora consejeros de Johnny saludaban al norn.

– Era cierto el rumor sobre la estatura del charr que acabó con Mordremoth. En cualquier caso, sois igualmente bienvenidos a la despedida de Eir que hemos organizado.

– ¿Qué clase de rumores son esos? – Ya se estaba cabreando Tacoronte.

– Señor norn Knut, ¿es cierto que le llaman Osoblanco porqué se puede transformar en un oso blanco? – Preguntaba Dos Notas al líder norn.

Knut Osoblanco frunció el ceño y justo cuando les iba a contestar le interrumpió Johnny:

– Perdona Knut, no veo a Braham ¿sabes por donde anda? – Se apresuraba Johnny a cambiar de tema.

– Ah Braham partió hacia las montañas. El fuego interior de ese chico… Casi me dan pena los siervos de Jormag con los que se cruce. – Le contaba Knut Osoblanco a Johnny.

– Sí, me recuerda mucho a un charr que conozco. – Decía Johnny aludiendo al carácter de Tacoronte.

– Os dejo que mostréis vuestros respetos tranquilamente. – El líder norn los acompañó hasta la puerta de la casa. Desde la puerta observaron un grupo de norns que escuchaban atentamente una historia que Rytlock estaba contando.

Mientras entraban, Dos Notas admiraba la calidad de las maderas con las que estaba fabricada la estancia. Los tres se acercaron a escuchar al Tribuno charr, que tras terminar con su relato se dirigió a Johnny:

– ¿Qué tal sienta ser el Comandante del Pacto, Johnny? – Parecía que el charr se burlaba de él.

– Comandante en funciones, es algo… temporal. – Aclaraba el nigromante.

– Sí ya, no debe de ser fácil estar a la altura de Larisa. – Replicaba Rytlock.

– Emm supongo que no. Por cierto ¿sabes algo  de Logan o Zojja? Me hubiera gustado verlos por aquí. – Johnny se preocupaba por sus anteriores colegas de aventuras.

– Ambos seguían en la cama en mi última visita. – Afirmaba el charr.

– Justo donde a mi me gustaría estar ahora. – Refunfuñaba entre dientes Tacoronte.

– Con estos dos fuera de combate y Snaff y Eir… en fin, muertos… realmente ya no hay Filo del destino. – Lamentaba Rytlock.

– Y Tito Tibu, no os olvideis de él, yo no lo hago… – Dos Notas se ponía melancólico.

– Ya, pero no tiene sentido mirar atrás. Tal vez sea hora de volver a empezar. – Decía Rytlock muy decidido.

– ¿Otro clan? Pero ¿Eir..? – Se preguntaba Johnny.

– Ella no querría que nos afectara su muerte como a ella le afectó la de Snaff. Lamentarse no sirve de nada. ¡Y Tyria probablemente dormiría mejor con los matadragones al frente de un nuevo clan! – Aseguraba el Tribuno charr.

– Espera… ¿Qué? – Johnny parecía no querer entender lo que decía Rytlock.

– Se espera mucho de vosotros, muchachos. – Rytlock ponía sus esperanzas en el pintoresco grupo que formaban Tacoronte, Dos Notas y Johnny Quaggan.

– ¿No esperaras que nosotros…? Es decir… ¿Con estos dos al frente? – Johnny no lo veía muy claro.

– Estamos hablando de Tacoronte, el charr que acabó con la mente de Mordremoth, y del Aniquilador… que inspira tantas leyendas…  Además, ¿acaso no los has nombrado tus consejeros? – Rytlock le recriminaba su actitud a Johnny.

– Tal vez tengas razón, quizás podríamos hacer algún bien… ¿Pero cómo lo llamaríamos? – Preguntaba el nuevo Comandante del Pacto en funciones.

– ¿Qué tal Quaggan Family? – Sugería Dos Notas.

– No pienso formar parte de un clan que se llame Quaggan Family. – Se negaba Rytlock.

– ¿Y Dragon’s Watch? – Opinaba Johnny Quaggan.

– ¿Por qué solo se os ocurren nombres en inglés? – Se quejaba Tacoronte.

– Entonces lo traduciremos al tyriano moderno, que tiene que ser algo así como… ¡Guardia de la Eternidad! – Proponía Johnny al resto.

– Guardia de la Eternidad, me gusta. – Rytlock daba su like al nombre del clan.

– Podría acostúmbrame a esto de formar parte de un clan… – Pensaba Tacoronte en voz alta.

– ¿Puedo unirme a la Guardia de la Eternidad? – Preguntaba Dos Notas.

– Ya formas parte de él, limoncillo azul. – Le contestaba Rytlock al sylvari, que dio un breve aplauso al oírlo.

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